Polylepis, un bosque encantado en Ecuador

Al norte de nuestro país, en la provincia del Carchi, está un espacio natural privilegiado, lleno de verdor y humedad, de ramas entrecruzadas en medio de fluidos riachuelos, una estampa que parece salida de un cuento de hadas. Esa es la reserva natural del Polylepis…


Está ubicado en la reserva ecológica El Ángel, en la ciudad con este mismo nombre. Son apenas 12 hectáreas de este tipo de bosque primario y milenario conocido como Polylepis (derivado del griego poli: muchos) y lepis (hojas). De ahí es que se entiende cómo su tronco, fuerte y macizo, puede deshojarse delicadamente como si se tratara de suaves pétalos. Su humedad, necesaria para su subsistencia, la obtiene del suelo. Según los estudios especializados, se presume que estos enormes árboles pueden tener de dos a cuatro millones de años.

Las delicadas hojas se desprenden fácilmente del tronco que siempre tiene una textura húmeda que es la que le da esa característica. Es un tesoro de nuestro país y, de verdad, vale la pena visitarlo.

Al llegar a la entrada, el personal del Ministerio de Ambiente recibe al visitante para entregarle el material informativo: boletines, pósters, postales y advertencias sobre el cuidado del lugar: es un espacio en donde la vegetación es única y los planes de conservación del área son muy estrictos. Si bien el ingreso no tiene costo, ahí está ubicado el único hotel, Polylepis Lodge, con varias cabañas y un restaurante sumamente cómodos, cálidos y arquitectónicamente amigables con el medio ambiente. Para quienes deseen hospedarse en este sitio hay que hacer reserva con antelación, pero vale la pena pues ofrecen un paquete con alimentación, caminatas diarias de exploración de la zona, guías especializados quienes además condimentan la caminata con bellas y misteriosas historias del lugar.

Por dentro, el Lodge es sumamente acogedor sin perder el encanto natural y acoplado al medioambiente que lo rodea y respetando a la reserva natural de la que es parte.


El Polylepis está ubicado a 60 kilómetros de Ibarra.
Lleva ropa adecuada para el frío y disfruta de un paisaje maravilloso que nos vuelve a recordar el orgullo y el privilegio de haber nacido en Ecuador.

La caminata guiada inicia: es una aventura sorprendente a cada paso en donde encontrarás a estos árboles y sus frágiles hojas, el sonido de las cascadas, riachuelos helados, pequeños puentes de troncos para atravesar este bosque. Pero hay más sorpresas: hay horas en las que los cóndores deciden aparecer súbitamente y sobrevolar esta área para recordarnos que ellos son los verdaderos anfitriones. Así es como, luego de algunos kilómetros de caminata, el paisaje vuelve a asombrar y nos presenta un páramo vestido con exuberantes frailejones que se abren como dando una bienvenida inesperada.

Un paisaje imponente: la majestuosidad y el verdor natural son realmente impresionantes...


Un regalo para el espíritu:
Si has decidido visitar esta reserva, no te olvides de ir vestido apropiadamente: es bastante frío y húmedo por lo que llevar chaquetas, bufandas, gorros y zapatos apropiados es necesario. Las botas de caucho son indispensables para caminar por los humedales y hondonadas.


Este artículo fue publicado en la Revista Detalles de junio de 2015.

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